Querida Mujeres De Juárez,

Las palabras me faltan para expresar el regalo que es servirlas. Me han tocado el corazón de una manera que no me imaginaba. Por tres años, era mi sueno venir a El Paso para aprender como ser partera. La razón principal que vine a la Maternidad La Luz es por ustedes. Sé lo importante que es recibir atención medica en su idioma y sabía que eso no era necesariamente una realidad en la clínica de nacimiento. Como hija de padres inmigrantes, se personalmente lo que puede pasa cuando no puedes comunicarte eficazmente. Es un peligro a su salud y bienestar general no ser entendidas por sus doctores y ginecólogos. Además, entiendo profundamente lo que significa estar en constante batalla con los Estados Unidos. Esta es mi primera vez viviendo en la frontera entre este país y México. No sé la lucha de tener que cruzar el puente constantemente por lo que este país ha hecho. Soy consciente de que esto no es Tejas; esta tierra es México ocupado y robado. Yo entiendo que cruzan porque saben que otra vida es posible.

Me imagino todas las horas que tienen que hacer línea para venir a la clínica de nacimiento en el calor abrasador. Estoy sorprendida de la fuerza que tienen para lidiar con la patrulla fronteriza mientras están embarazadas, a veces en trabajo de parto con contracciones seguidas. Me han enseñado en mi tiempo aquí lo que significa ser fuertes y hermosas. Dios mío, son tan lindas. Es de verlas con sus familias y compañeros que han inspirado lo que quiero de mi vida. Me inspira su dedicación a sus hijos y como hacen lo que es necesario para garantizar sus futuros.

Algunas de ustedes vienen a nosotras por el deseo de tener un parto natural. Algunas de ustedes han tenido experiencias terribles en el hospital y juraron nunca volver a hacerlo de esa manera. Algunas de ustedes no pueden pagar las facturas caras del hospital. Algunas de ustedes tienen la esperanza lograr la oportunidad que sus hijo tendrán como ciudadanos de los Estados Unidos. Todas tus razones son válidas y reales. Ahora entiendo el privilegio que tengo de ser Americana. Por esta razón hago todo lo que puedo por ustedes en cualquier oportunidad que tenga. Por esta razón me quedo despierta con ustedes, ayudándolas en su trabajo de parto. Reconozco la fortaleza y perseverancia en sus ojos. Por esta razón intento todo lo que puedo para no tener que transportarlas al hospital. En el mismo aliento, cuando tenemos que llevarla al hospital, es porque tenemos nuestras manos atadas muchas veces y queremos que estén fuera de peligro.

Si no las vuelvo a ver, por favor recuerden que recuerdo a cada bebé que he tenido el honor de recibir en mis manos. Sé que es un regalo estar allí en ese momento para ustedes. Es mi deber mantener el espacio sagrado para sus transformaciones increíbles. Beso  sus frentes, limpio el sudor de sus caras, les doy agua de beber y todo lo que puedo para asegurar que no sufran. Sé de la violencia que las mujeres vivieron en Juárez; mis manos desean borrar algunos de esos dolores con el amor que tengo para ustedes y sus hijos. Cuando vayan a ver otro doctores y ginecólogos, demanden respeto. Demanden que le expliquen todo. Sus cuerpos son sagrados. Deseo servirlas para siempre, sin embargo, mi comunidad necesita que yo vuelva con lo que me han enseñado. Siempre las llevo en mi corazón. Voy a servir a las mujeres para el resto de mi vida con las memorias de todo lo que presencié en sus partos. Las quiero mucho a todas.

 

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